El S.A.R. tenía asignado un Unimog, para algunas de las tareas de rescate. Todos los días, con un soldado conductor, se partía a la Intendencia, en busca de las órdenes del día.
   
Corrientes se encuentra situada en el nordeste del país, con capital en la ciudad de Corrientes. La delimita al norte y oeste el Río Paraná, que la separa del Paraguay y las provincias de Chaco y Santa Fe.
El clima que predomina es subtropical sin estación seca, con precipitaciones abundantes y temperaturas elevadas, con escasas variaciones diarias y estacionales, sobre todo en el noroeste. El sur de la provincia presenta un clima más asociado con el templado pampeano.
 
 
   
 

Con motivo de las inundaciones que venían produciéndose en el litoral Argentino, el SAR fue convocado para por la provincia Corrientes para colaborar en la zona de desastre.
Estando aun en la casa de la provincia previo al vuelo, el jefe de la casa provincial nos pidió, si podíamos colaborar en la planta baja del edificio (se encuentra en av. Callao y av. Corrientes) con la cantidad de donativos que estaban llegando.
Así fue que nos dirigimos hacia el lugar y nos encontramos con un gran caos, sin coordinación, con gente muy bien intencionada, pero sin organización. En tanto en el subsuelo se apilaban donativos sin ninguna clasificación, ya que el volumen de las entregas y la falta de orden, hacia que casi no se pudiera ingresar a la planta inferior.
En tanto en la calle, los donativos eran enormes, y fue lo primero que hicimos, ordenar los grupos de trabajo (había muchos voluntarios).

   
 
   

La Av. Callao, una de las que mas tránsito posee en la ciudad de Buenos Aires, estaba colapsada en un 50% de su ancho a la altura de la calle Sarmiento, dado la cantidad de materiales agolpados y los vehículos que continuaban acercándose a traer sus donativos.
Así fue que lo primero que hicimos fue establecer corredores de acceso y subdividir los materiales que ingresaban en colchones, alimentos no perecederos, pañales, frazadas e indumentaria.
Cabe destacar que aun no conocimos el sistema SUMA de la ONU de clasificación de suministros y que para ese entonces, y que como veíamos anteriormente, todo el subsuelo estaba completo, por lo que los donativos debían ser apilados en la calle.
Como si so todo el caos fuera poco, comenzó a llover, con lo que uno de nuestros Socorristas, compro nylon x mts. y realizamos toldos para proteger todo lo que estaba a la intemperie.
Así quedamos conformados con cinco postas a saber:

1 Recepción de donativos
2 Colchones/ Pañales
3 Alimentos no perecederos
4 Frazadas
5 Indumentaria

Mientras todo esto era clasificado ingresaban los camiones con su semiremolque e iba parando en cada una de las cuatro postas; primero cargaba colchones y pañales, luego alimentos, frazadas y por ultimo la indumentaria.
Es de destacar que cada vez que finalizábamos la carga de un camión, todos deteníamos las acciones y festejábamos con un fuerte aplauso la partida de un nuevo camión.
Los voluntarios eran aproximadamente cien, coordinados por cuatro Socorristas del SAR.
Así trascurridos los hechos al día siguiente nos trasladamos a la 1ra. Brigada Aérea para el embarque en los HERCULES C-130.
El vuelo previsto para las 0735 se demoro hasta las 1340hs. Por falta de meteoreología en el Corrientes.
El vuelo trascurrió sin novedad, salvo que era nuestro bautismo de vuelo en un C-130.
Al arribo nos trasladaron (sin saber nosotros el destino) a un centro de evacuados que se encontraba constituido en una vieja instalación militar abandonada.
Allí se nos presento el entonces mayor Aconcia, quien nos traslado hacia su unidad (Destacamento Cuartel Corrientes, allí nos alojaríamos durante toda la misión) y contactó con la Defensa Civil de la provincia, quienes nos dieron como misión la asistencia de la población de San Luís del Palmar, a 30km. De la capital provincial.
El Ejercito nos proveyó un camión UNIMOG y un soldado de conductor, con quien realizamos todas las misiones.
A las 0600hs. de cada día partíamos hacia la intendencia al despacho de su intendente, el entonces Sr. Navarro, que nos daba la orden del día y los vales combustible para el UNIMOG.
Cabe destacar que las misiones eran sumamente lentas, ya que teníamos que asistir a las poblaciones del campo, que se encontraban bajo el agua y, quienes ayer no quisieron ser evacuados, hoy, si lo deseaban, y entonces la misión en muchos casos debía volver a realizarse.
Las casas en esta zona rural estaban aisladas por 3 o mas km. De distancia.
Nosotros solo disponíamos de una canoa a remo, con capacidad para cuatro personas, al límite.
Luego de dos horas de marcha, bajo campos completamente inundados, deteníamos el camión y este se establecía como nuestro COE y desde allí salía la canoa con dos Socorristas siguiendo como referencia las alambradas y los árboles, ya que el campo estaba cubierto por mas de1.50mts de agua en su parte mas baja.
Cada patrulla demoraraba un promedio de dos a tres horas en ir a remo a buscar a tres o mas kmts. a solo dos evacuados (capacidad máxima de la canoa) y volver, en tanto que se realizaba el relevo del personal que había quedado en espera en el UNIMOG, y se salía nuevamente, a veces a la misma casa, ya que en un solo viaje no se podía evacuar a la totalidad de la familia.
Así todo, evacuar diez o quince personas podía llevar desde las 0600 hasta la0100hs del día siguiente. Un esfuerzo sobre humano y con poca relación costo eficacia, pero era lo que había para operar y así se hizo completando todas las misiones solicitadas.
Uno de los detalles que se controlaba era la periferia del UNIMOG estacionado en el campo bajo el agua, porque las serpientes, con todo el campo anegado se subían a camión, buscando un lugar seco, con todo lo que ello podía implicar, por eso, el personal estaba en el techo de camión observando toda el entorno y cada 30 minutos se descendía a tierra y se revisaban los huecos para asegurarse de que no hubiera ninguna novedad.
En una de las misiones, y luego de llegar a evacuar a dos ancianos de ochenta años (un matrimonio), el nieto de la familia, llego con un lechoncito al hombro ya carneado y nos dijo:

.- Tomen, llévenlo, es para ustedes.

Demás esta decir nuestra sorpresa; ya habíamos evacuado el resto de su flia. y solo nos quedaban los ancianos que no se habían querido ir anteriormente.
Demás esta decir que agradecimos su gesto pero no podíamos aceptarlo.
Fue lo peor que pudimos haber hecho, el jovencito (tendría entre 12 o 14 años) se ofendió de tal manera que nos dijo:

.- Es el ultimo que me queda, pero se lo llevan ustedes !

y prácticamente nos obligo a llevarlo, con nuestro enorme agradecimiento y nuestro eterno recuerdo ante tan enorme gesto.
Subimos con mucho cuidado a los ancianos a la canoa, les colocamos un chaleco salvavidas a cada uno, y casco con una luz fría adosada, ya que caía el sol y en caso de emergencia si caía un anciano al agua quedaría flotando una luz en su cabeza.
Así planteado y ya de noche, nosotros queríamos volver por el camino que habíamos realizado de ida, ya que era seguro, pero un vaqueano de la flia, no dijo:

.-Dejen que yo conozco la zona y los llevo con mi caballo a la rastra así no reman tanto.

Comenzamos la marcha y a los 20mts de iniciada el caballo cae en un pozo, cae su jinete al agua y el caballo desesperado, comenzó con un patas delanteras a flote a manotear la canoa con una fuerza lógica de la desesperación del animal.
El Socorrista que estaba a proa, con una pierna trataba de alejar el animal, porque con una sola patada haríamos vuelta de campana. La situación era desesperante, yo quería ayudarlo, pero estaba a popa, y con los ancianos en el medio, intentar caminar por la canoa desde una punta a otra era muy peligroso, con lo cual solo podía intentar cambiar el rumbo y remar desesperadamente para alejarnos del animal.
A los pocos minutos el animal, nadando salio del pozo, y ya nuevamente el tierra, subió su jinete y nos trasladó hasta el UNIMOG.
A todo esto en la canoa teníamos que achicar, ya que había entrado bastante agua, aunque no estaba perforada, y así a las0000hs., arribamos al UNIMOG con los últimos evacuados de la jornada. Aun nos quedarían dos horas de marcha con el camión bajo el agua, para dirigirnos por ruta al centro de evacuados y recién ahí, con otros 30km. De por medio arribar al cuartel.
Esa noche tuvo una particularidad, el Mayor Aconcia no se fue a dormir, hasta que arribamos. Si bien no éramos personal de la fuerza, ni estábamos a sus ordenes, el compromiso de la unidad era total, y realmente se sintió.
A diario nos daban de comer, desayunábamos junto de Bomberos de Jujuy y personal de la Cruz Roja de San Clemente y luego cada uno partía hacia sus obligaciones.
Le entramamos al arribo el chanco al mayor y le pedimos si lo podrían preparar la noche siguiente y así compartirlo con todo el personal.
El día siguiente tuvimos una misión muy larga, y al retornar a la madrugada estaba esperándonos la preciada cena que, tanto empeño le pusieron, que no lo hicieron en el cuartel, sino que lo mandaron a ha hacer una panadería conocida, que tenia una parrillero que los hacia muy bien, como para que no fuera una comida mas, y realmente se sintió como un verdadero banquete, un banquete de camaradería, de satisfacción y de verdadero orgullo, sabiendo que estábamos comiendo de nuestra propia medicina. Jamás lo olvidaremos.
Un nuevo día, una nueva misión, se conformaría un helipuerto de campaña con un helicóptero de la gobernación BELL 205 RANGER y otro del ejercito UH, y nosotros estaríamos afectados a una guardia de rescate aéreo.
Se corto un tramo de una ruta (no recuerdo cual) se llevaron camiones con suministros y las aeronaves despegaban con alimentos a las localidades aisladas y volvían con evacuados, que en los mismos camiones llevaríamos luego a los centros de evacuados.
En tanto ya ubicados en el lugar, llego una camioneta con una lancha y excombatientes de Malvinas, que venían desde el sur Argentino a colaborar.
Nosotros teníamos entre nuestro personal un timonel, por lo cual se lo asignó a la lancha y se internaron por los esteros en búsqueda de la población a evacuar.
Sobre las 18hs. Los helicópteros dejaron de operar y se retiraron, en tanto que nosotros seguimos reuniendo evacuados en los camiones, que, al ir quedando vacíos, se los llenaba con evacuados para el traslado a los centros de evacuados.
El intendente estuvo presente durante toda la jornada y sobre el crepúsculo nos dijo:

.-Cuando terminen, lleven todos los evacuados a la intendencia, que desde allí les asignaremos los centros de evacuados a donde serán trasladados.

La responsabilidad no era poca, teníamos a cargo cuatro camiones Mercedes con evacuados y debíamos esperar el arribo de la lancha para emprender el retorno.
La lancha retorno con lo últimos evacuados pasadas las 2300hs, desde ahí subir la lancha al trailer fue todo un desafío, ya que el trailer era muy bajo y se nos trababa el eje al descenderlo sobre el estero para poder subir la lancha (que no era gomón, y hasta tenia cabina).
Nos llevo mas de una hora, abrir unas brechas en el terreno, con nuestras pequeñas palas personales y así poder subir la embarcación. Aun recuerdo ver la camioneta 4 x 4 levantarse en dos ruedas tratando de sacar el trailer de la empinada superficie.
Esa fue la ultima misión, llegamos pasada l 0130hs de la madruga a la intendencia sin ninguna novedad ,salvo el agotamiento del personal, ya desgastado por las largas misiones y el poco descanso.
Ya en el aeropuerto, otro demora por meteorología y otras cinco horas de espera en las que el jefe del aeropuerto, nos trajo cinco revistas ALAS para que pudiéramos distraernos pero para distraernos un poco mas, nos fuimos a visitar los bomberos aeroportuarios, y nos quedamos con ellos aprendiendo sobre autobombas aeroportuarias.
El retorno fue en un Hércules C-130 que traía la leyenda de CASCOS BLANCOS, una foto para el recuerdo, y el embarque. El retorno fue sin novedad.